
cuando, confiado,
se llama a una puerta.
Y se espera , por ser de justicia,
compasión aparte,
que se vea abierta.
Y se llama una vez y cien veces;
y se vuelve a llamar nuevamente.
Y la puerta sigue
fría, inamovible.
Cerrada; callada.
Es cuando se deja, o al menos se intenta,
renunciar a todo;
no creer ya en nada.
Es cuando se piensa
que el amor empezó y acabo en el Calvario.
Que aquel sacrificio tremendo;
que aquellos raudales de sangre
que regaron la tierra reseca,
con idea de fructificarla;
fueron infructuosos,
estériles.¡Nada!
Que se quedo todo en hipocresia;
en falsas palabras.
El riego fue inútil.
¡Continúan resecas las almas!
(Version en castellano)